Se defendió cuando era violada y tuvo que inculparse de un homicidio

Andrea fue a cobrar sus salarios devengados y su exjefe la agredió. En el forcejeo, ambos resultaron heridos con un cuchillo. Después de 18 meses de cárcel, ella optó por un proceso abreviado.

Seis años y seis meses de cárcel. Esa es la sentencia que pidió la adolescente Andrea, acusada del asesinato de Francisco (ambos nombres fueron cambiados).

La audiencia en el Tribunal 5 de Sentencia del Tribunal Departamental de Cochabamba fue el pasado 10 de julio, a las 10:15 de la mañana. La fiscal leyó el acuerdo de las partes, por el que Andrea pide juicio abreviado y una sentencia de seis años y seis meses, inculpándose del homicidio de Francisco, de 50 años de edad.

Una magistrada del tribunal explicó que el juicio abreviado es voluntario, que la otra opción es continuar con el proceso hasta llegar a un juicio oral. Después de escuchar a la representante del Ministerio Público y a la abogada de Defensa Pública, la jueza pidió a la acusada que relate lo ocurrido la madrugada del 27 de enero de 2016.

Andrea, de 19 años de edad, es una adolescente de 1.56 metros de altura, de cabello largo, tez canela, ojos rasgados, contextura delgada y una gran simpatía natural. Ante el tribunal, trató de contener el llanto, pero algunas lágrimas rodaron por su rostro. Con voz pausada, relató que la noche del 26 de enero de 2016 fue a cobrar el dinero que don Francisco le debía por su trabajo de varios meses. Se hacían 6.600 bolivianos. Llegó al lugar alrededor de las 20 horas, pero su exjefe no estaba. La inquilina del edificio donde estaban las oficinas del exempleo de Andrea le abrió la puerta y le dijo que entre a esperar, pero ella prefirió aguardar afuera. Alrededor de las 21 horas llegó Francisco, de 1.80 de altura y de contextura "robusta", según la descripción de la Policía. Ambos ingresaron a las oficinas, que hacía las veces de vivienda. Francisco le pagó solo 600 bolivianos y por el saldo le pidió que volviera. Ella le reclamó, porque en los meses que trabajó como secretaria solo recibió pequeños adelantos, cuando el salario fijado por su trabajo era de 2.400 bolivianos al mes, sin contar horas extras. Andrea le dijo que nunca más iría, que sus hermanos cobrarán la deuda por ella.

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27 de enero de 2016


La Policía auxilió a Andrea y la llevó al Hospital Viedma. Hasta ahora no tuvo oportunidad de decir su verdad, porque su primera declaración fue cuando estaba sedada por el dolor. Ante el Tribunal 5 de Sentencia, se limitó a inculparse del homicidio.

Francisco le pidió que aguarde y trajo una botella de ron, que ya estaba abierta. Andrea aceptó compartir un vaso, pero cuenta que, furtivamente, echó la bebida. Luego, su exjefe no la dejaba salir y la forzó a ir a su cama. Francisco tomó un cuchillo, que estaba en un cajón próximo a su lecho, para someter a la adolescente y abusar de ella. Ella se resistió y, en el forcejeo, el cuchillo la hirió en el abdomen y la pierna. Francisco resultó herido en el cuello y el pecho, abrevió Andrea. En otras actuaciones judiciales ella relató un segundo intento de ataque sexual de Francisco, otro forcejeo y la herida fatal.

Ante el Tribunal, Andrea relató que fue a pedir ayuda a la inquilina para que llame a la Policía y poder salir. La inquilina, en lugar de llamar a la Policía, telefoneó a su hermana y propuso a Andrea que le lance por la ventana un DVD y otros bienes de Francisco.

LLEGA LA POLICÍA

Alrededor de las 4 de la madrugada llegó la Policía. "No me fui, yo quería que venga la Policía" recalcó Andrea ante el tribunal.

No relató que estuvo hospitalizada tres días por la gravedad de sus lesiones y luego remitida a la cárcel de San Sebastián.

La madre de Andrea llegó, llorosa, poco después de empezada la audiencia. La presidenta del tribunal pidió a los asistentes que desalojen la sala para deliberar. Los cuatro representantes del difunto: la viuda, un abogado, un joven y un policía se reunieron con la fiscal.

En el intermedio de la audiencia no hubo el esperado abrazo madre e hija. Ambas guardaron las distancias, aunque lloraron juntas y compartieron pañuelos desechables para enjugar lágrimas, además de dialogar mientras deliberaba el tribunal.

"Solo tenías que reconocer que en el forcejeo lo mataste" le recordó la abogada defensora. "No puedo, no puedo decir eso", aclaró Andrea.

La defensora pública confirmó después que, desde la primera etapa de la investigación, se buscó demostrar lo que decía Andrea, que actuó en legítima defensa. "Sé que es difícil, pero con todo lo que contaste, el tribunal está analizando", añadió la abogada, que compartió con Andrea unas galletas.

La fiscal y la abogada defensora fueron convocadas por el tribunal. Luego se volvió a plantear a Andrea el alcance del juicio abreviado. "Podemos ir a juicio oral, pero la sentencia puede ser por más tiempo o por menos años. La fiscal ha adelantó que cuenta con todas las pruebas. Nosotros tenemos el informe forense y algunas pruebas, pero nada de testigos.

-¿fQuieres seguir con el juicio abreviado?, insistió nuevamente la defensora.

- Si, respondió Andrea, sin dudar.

-Entonces solo tienes que decir que en el forcejeo lo mataste.

"Tienes que decir la verdad", interrumpió la madre no muy convencida de sus palabras.

FRASE ACORDADA

Minutos más tarde, Andrea habló ante el tribunal, con aplomo y dijo las frases acordadas: que hubo el forcejeo con Francisco y que ella provocó las heridas que derivaron en la muerte. La presidenta del tribunal rememoró los antecedentes y dictó la sentencia de privación de libertad en el penal de San Sebastián Mujeres. También ordenó que Andrea asuma las costas del Estado y del fallecido.

Tanto la fiscal como la defensora renunciaron en la audiencia al plazo de 15 días para apelar, pero la Presidenta del Tribunal aclaró que el fallo no estará ejecutoriado hasta que se notifique a los familiares de la víctima.

Más de dos meses después, la sentencia seguía sin ser ejecutoriada, porque para notificar a la familia de la víctima se debe publicar un edicto y ni Andrea ni la Defensa Pública cuentan con esos recursos.

"No hay justicia", dijo Andrea pensativa, semanas después de su audiencia. Cuenta los días para salir de la cárcel y juntar todo el dinero posible para dejar atrás la condena de seis años y seis meses.

27 de enero de 2016

Andrea trabajaba para comprar una moto, hoy se esfuerza para cuando sea libre

Son las 17:00 horas y Andrea se lleva a la boca el primer bocado del día. Arroz, papa y dos alas de pollo a la parrilla. Hasta esa hora estuvo lavando ropa. Su jornal fue de 10 bolivianos. Por eso prefiere el planchado, porque puede ganar un poco más. Vive hace 18 meses en el penal de San Sebastián, acusada por la muerte de su exempleador Francisco. La adolescente de 19 años se entristece porque no tiene visitas.

EMPLEO

En 2015, y durante cinco meses, Andrea trabajó como secretaria. Era su tercer empleo, pues a los 15 años tuvo su primer trabajo. En el colegio le iba muy bien y cumplía todo lo que pedía su madre, que año tras año le prometía una bicicleta. Cuando Francisco la empleó, Andrea ya era independiente y vivía sola. No medía las horas de trabajo y, a veces, se quedaba hasta tarde, con tal de ganar algo más de dinero. Quería ahorrar para una moto y así movilizarse fácilmente. Los diez empleados trabajaban en dos grupos. Unos ibana ofrecer servicios y conseguir contratos y otros producían. Comían en la oficina, junto a los dos pequeños hijos del dueño. A veces, Andrea les llevaba al colegio, porque no había quién más lo haga. Francisco estaba separado de su esposa.

En noviembre, Andrea anunció a su empleador que se retiraba, porque se acercaba el inicio de clases y debía volver al colegio.

La declaración de un compañero de trabajo de Andrea, que está en el expediente, señala que ella era víctima del acoso sexual de su empleador.

Andrea cuenta que se fue del trabajo porque su primo, que hacía negocios viajando a Chile, le invitó a ir con él a comprar los maquillajes al por mayor.Andrea tenía un grupo de animación de cumpleaños y viajó ilusionada al vecino país.

Una mañana, su primo la dejó en el alojamiento, con el encargo de que vaya a desayunar en el local que estaba cruzando la calle. En cuanto Andrea salió, encontró a su exjefe en la puerta. Ocultaba un cuchillo debajo el saco que llevaba en el brazo y la obligó a subir a un auto para traerla de vuelta a Cochabamba, bajo amenaza de hacerle daño a ella y a su familia si no obedecía. Andrea no gritó ni denunció el secuestro, pensando que en otro país nadie le creería. En la terminal de buses no pudieron comprar pasaje. Así que, de inmediato, volvieron al alojamiento y ella tuvo segundos para sacar su cédula y luego partir de retorno a Cochabamba.

Francisco encontró a Andrea porque ella no cambió de celulary su ubicación estaba activada. Le exigía que vuelva a la oficina, porque los clientes apreciaban su trabajo e ideas.

Pese a ese secuestro, al acoso sexual en el trabajo de parte de Francisco y a la falta de pago de sus salarios, Andrea no recurrió al Ministerio de Trabajo y solo escapó de Francisco en cuanto llegaron a Cochabamba.

INFANCIA DIFÍCIL

Andrea tuvo una infancia difícil. La relación con su madre era tensa. Conoció a su padre a los 12 años y le pidió ir a vivir con él, pero no hubo posibilidad. Las pocas veces que lo vio marcaron su vida. Su padre murió un año después de conocerlo y Andrea fue a Potosí al entierro, para quedar atrapada en el más largo paro cívico de ese departamento. Al retornar, cerca de Oruro, sufrió un accidente de tránsito que segó la vida de su sobrinita de dos años, a quien Andrea quería demasiado.

LA TRAGEDIA

Andrea fue a cobrar el dineroque Francisco le debía, sin pensar que esa noche tendría que luchar por preservar su integridad y su vida. "Lo que me pasa por ser buena trabajadora", comentó Andrea.

Aquella noche, después de esperar una hora, llegó Francisco y pasaron a la oficina. Solo le pagó 600 bolivianos de una deuda de 6.600 bolivianos y le invitó a beber ron. El exempleador, de 1.80 metros de altura, moreno de ojos y cabellos negros y contextura fornida, no aceptó el rechazo de Andrea y la arrastró a su cama. Tomó un cuchillo que estaba en una caja próxima al lecho para herir y someter a Andrea. Clavó el arma y en el vientre y la pierna de Andrea. En la lucha, él resultó lesionado superficialmente en el cuello.

Después de violarla una vez, quiso volver a cometer el abuso y, cuando Andrea se negó y trató de huir, él la alcanzó y la tomó del cuello con una mano elevándola, pegada a la pared del pasillo, mientras con la otra blandía el cuchillo. Andrea, que tenía las manos sueltas, pudo arrebatarle el arma y clavó el cuchillo en el pecho de Francisco. Con el dolor, él soltó a Andrea. Cayó de espaldas, quedando debajo de Andrea que, al caer, descargó accidentalmente su peso en el puñal.

Andrea pidió auxilio a la inquilina de la casa a las 3.30, pero ella no llamó a la Policía de inmediato. A las 4 de la madrugada del 27 de enero de 2016, llegó Radio Patrulla 110 y posteriormente miembros de la División de Homicidios.

El examen forense de Andrea señala que, además de las heridas con cuchillo, la adolescente tenía policontusiones, equimosis en el cuello y lesiones genitales. Pese a eso, la fiscal del caso no tomó en cuenta la violación.

Tres días después, Andrea ingresó a la cárcel San Sebastián Mujeres, acusada de asesinato.

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Ayuda para la defensa


Las personas privadas de libertad requieren de la ayuda de familiares y amigos para tareas que el Servicio de la Defensa Pública no puede cumplir. Cada defensor tiene a su cargo hasta 110 casos y hace falta recoger documentos, notificar testigos y preguntar sobre los requerimientos. Andrea quedó sola en momentos clave y se cumplieron plazos para presentar pruebas. La defensa de Andrea resultó muy débil para llegar a juicio oral y demostrar la legítima defensa.
DEFENSA

La defensa legal de Andrea osciló entre abogados particulares y el Servicio de Defensa Pública, factor que perjudicó la obtención de pruebas contundentes para el juicio. Faltó, por ejemplo, una pericia psicológica. Andrea tampoco contó con los testigos que, en principio, afirmaron que era víctima de acoso sexual en el trabajo. Una exconcubina de Francisco dio testimonio aterrador de su vida con él, pero tampoco pudo ser convocada para que declare en el juicio oral.

RECONSTRUCCIÓN

Andrea vivió en la cárcel un trauma tras otro. La cuarta vez que determinaron hacer la reconstrucción de los hechos "pasé lo peor de mi vida", relató.

"Me llevaron obligada. Yo no quería salir de la cárcel. Fue horrible ir al lugar donde ocurrió todo. Allí aún estaban mis lentes destrozados, los que me hice ahorrando de a poco, porque nunca pude tener nada de una sola vez".

Andrea reclamó al fiscal porque sentía que se hacían la burla al llevarle una y otra vez a ese lugar . La reconstrucción se suspendía cada vez porque faltaba alguien o algo.

"Le dije al Fiscal que no iría más a ninguna reconstrucción y él hasta se mostró comprensivo diciéndome : Yo tengo una hija de tu edad", pero añadió "... claro que cada quien sabe dónde se mete".

"Yo no quería que don Francisco muera. Si él no moría se hubiera sabido la verdad. También se podía ver al menos parte de lo que pasó en el video que nunca apareció en el juicio. La cámara estaba en el pasillo y allí pasó la última parte", señaló.

INJUSTO

Para Andrea "todo es injusto", porque en la cárcel encontró a personas inocentes.

Andrea se dedica al estudio y al trabajo para lograr su redención.

"Si no ahorro no podré salir. Cuento las horas de estar aquí, donde es más fácil que te inviten un cigarro u otras cosas, antes que un plato de comida. Claro que después te cobran", dijo.

27 de enero de 2016
NO MÁS PROBLEMAS

"No sé por qué me odia tanto", reflexionó Andrea, al recordar que la viuda de Francisco le llamó por teléfono varias veces para amenazar a su familia e incluso fue al penal para insultarle. Andrea solo le dijo que nada tenía que hablar con ella y eludió el escándalo.

"Yo prefiero evitar los problemas, porque no sé cómo puedo reaccionar", afirmó Andrea, que a diario tiene que lidiar con dificultades.

VISITA

La Gobernación y las policías le ayudan y acogen por ser joven y, si tiene visita, se alegran con ella. Andrea es una de las cuatro estudiantes que cursa quinto y sexto de secundaria simultáneamente.

En el penal San Sebastián mujeres casi no queda espacio. El patio es la sala de visitas y casi todas las tardes, pero en especial los sábados no quedan mesas ni sillas para charlar. Se puede improvisar un lugar en la lavandería y hablar con una estridente amplificación, los gritos de los niños y la bulla de todas las visitas, alrededor de 180, casi el mismo número de internas. El alcantarillado abierto impregna de fetidez el ambiente. En la cocina contigua a la lavandería sigue indiferente su intenso ajetreo de llevar y traer diversos platos e ingredientes. Los niños pequeños chapalean en las aguas detenidas y se distraen poniendo papeles , cartones y lo que encuentran en los turriles que están llenos de agua para lavar de ropa.

Los prediarios que asigna el Estado para la alimentación, de 6.50 bolivianos al día, le alcanzan para desayuno o almuerzo. Si el prediario se atrasa, afortunadamente para Andrea, hay una señora que le da el alimento a crédito.

"Yo prefiero no comer bocado a robar", concluyó Andrea.

"Me quitaron a mi bebé de un mes y hoy mi fuerza está en mis hijos"

Lidia vivió martirizada por su esposo. Sacó fuerzas para defender a su hijo que estaba en peligro. En la Policía vulneraron sus derechos. Hoy cumple sentencia de cinco años en la cárcel de San Sebastián.

Lidia (el nombre fue cambiado) reaccionó cuando su esposo tomó a su bebé de un mes de los pies y quiso aventarlo por la ventana.

- "No, a mi hijo no!!, clamó desesperada. Se puso de rodillas para evitar que Marco (nombre cambiado) cumpla la amenaza.

-"¿fHaz lo que quieras conmigo, pero no toques a mi hijo!!"

Lidia fue sometida a cumplir la voluntad de Marco que, sin considerar su estado de salud delicado después de la cesárea, la forzó a tener relaciones sexuales. Estaba intoxicado de drogas y alcohol. Le golpeó en el ojo izquierdo, le dio golpes en la cadera, las piernas y en lugares no visibles. Con más de cuatro años de convivencia con Marco, Lidia ya sabía que las bofetadas iban con la mano abierta, "para no dejar marca". Y esa noche, ella decidió que tenía que hacer todo lo posible por salvar a su bebé y que no iba a soportar más violencia.

SEGUNDO HIJO

Cuando se embarazó de su segundo bebé, Lidia pensó que "era una bendición". Pero a los pocos días volvió el infierno del maltrato, agravado por la desconfianza de Marco de que el bebé no sea su hijo. Acusaba a Lidia, sin fundamento, de haber tenido otra pareja. "Te fuiste a La Paz por tus otros machos, por tus gallos..." le decía con crueldad. Lidia, efectivamente, se fue a La Paz después de que nació su primer bebé porque Marco no soportaba el llanto. Ella no sabía qué hacer, se sentía impotente y sufría depresión postparto. La familia de Marco le condicionó que, si se iba a La Paz, debía dejar a su bebé a cargo de la abuela paterna. Le obligaron a suscribir un documento con abogado. Lidia se fue un tiempo a La Paz, pero extrañaba a su bebé, le dolían los pechos cargados de leche y llamó a Marco para volver.

FRACTURA

Desde que llegó de La Paz quedó secuestrada. Solamente Marco y su madre tenían las llaves del departamento. Lidia seguía siendo maltratada de todas las formas posibles. Una noche, Marco le rompió la frente al golpearla contra la pared. La llevó a la Clínica del Accidentado. Con tanta humillación, Lidia se sentía como una basura, sin ningún valor, como simple objeto sexual.

"No tienes a nadie, tu padre ha fallecido, yo soy tu todo. No tienes a nadie más que a mí", le repetía.

INVENCIBLE

Marco trabajaba como estríper, en fiestas sociales para mujeres. Se jactaba de ser "invencible", de ser "el dulce de las mujeres y chancaca de los maricas".

Humillaba a Lidia diciéndole "tengo mujeres aviones, para mí tú no eres nada. Eres flacuchenta, pero te quiero porque eres diferente. A las otras mujeres las utilizo por su plata", decía Marco.

Una vez que nació el segundo hijo, Marco no quiere ni ver al bebé, menos soportar el mínimo llanto. En cuanto lo escuchaba le decía a Lidia: "haz callar a ese tu puto crío!!" Cada vez que Marco llegaba a la casa era para agredir a Lidia verbal, piscológica y sexualmente.

Una noche, Marco llegó drogado y abusó de Lidia de forma salvaje. Cuando él estaba adormilado, Lidia buscó las llaves en la ropa de su esposo, para poder huir, pero éstas sonaron y se le cayeron.

Marco despertó y Lidia entró en pánico, por el temor de que la golpearía con más saña. Entonces, tomó lo que estaba más cerca: un martillo y le dio un golpe en la cabeza.

Ese impacto fue certero y Marco cayó, agonizó y murió segundos después. Sin embargo, Lidia percibió que Marco se movía y temió que arremeta contra ella y su bebé con mayor ira. Corrió a la cocina, tomó un cuchillo de mesa y le asestó varias puñaladas. No supo cuántas. Estaba en estado de shock.

TRAS EL HIJO

Por la mañana, Lidia tomó a su bebé y fue a la casa de su suegra. Solo quería ver a su hijo mayor, de casi dos años. La madre de Marco se sorprendió de verla sola, porque siempre salía con el esposo. El hijo mayor de la pareja estaba con la suegra porque Lidia estaba con el segundo bebé y su esposo no ayudaba en nada.

La pareja había quedado en visitar al hijo mayor una vez a la semana, pero Marco dejaba pasar el tiempo y muy raras veces iban donde el pequeño. "Vi a mi niño y la señora me dijo que vuelva, que Marco estaría preocupado y llamó un taxi para despacharme de vuelta ", contó Lidia.

La madre de Marco le preguntó porqué iba mostrando su ojo morete, que debía usar gafas. Ella sabía de la drogodependencia de su hijo y del maltrato que le daba. Cuando alguna vez se tocó el tema, la madre de Marco le dijo a Lidia: "sabías cómo era él y tu lo elegiste". En cambio, la hermana de Marco le había comentado en cuanto la conoció: "mi hermano no te merece, sepárate".

La madre de Marco dijo en el juicio oral que sospechó que algo raro pasaba, porque Lidia llegó sola y al abrazar su hijo mayor se puso a llorar.

EN LA CALLE

Cuando el conductor del taxi preguntó la dirección, Lidia quedó en blanco. No quería volver a su vivienda, no tenía ningún familiar ni amiga y solo se le ocurrió uno de los pocos lugares que conocía, pese a haber vivido dos años en Cochabamba: el cine Center . Allí permaneció durante horas con su bebé en brazos. Unas jóvenes se acercaron al verla allí durante horas.

La invitaron a la casa de una de ellas y pasó una noche. Para el día siguiente, debía ir a otra casa. Tomó un taxi, pero no podía dar con esa dirección. De pronto, se acercó un hombre corriendo y luego otro y ambos se sentaron a los costados de Lidia para decirle que eran policías, que debía ir con ellos. Uno de los agentes la miró con desprecio y le dijo "ya lo sabemos todo" y ambos le obligaron a abordar un carro policial. El conductor comentó: "estás nerviosa, cuenta lo que ha pasado. Es mejor que colabores ".

DETENIDA

Los policías condujeron a Lidia hasta dependencias de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) y la dejaron dentro el vehículo alrededor de una hora. Otros policías abordaron el vehículo y uno de ellos le increpó. "¡¡Lo has dejado hecho una coladera!! . Gritó tanto que despiertó al bebé.

"Has actuado así por celos. ¿fQuién más estaba?", le interrogó el otro policía.

"Nadie", respondió Lidia.

"¡Confiesa! "la intimidó. Lidia no pudo contener las lágrimas al recordar ese episodio, a pesar de haber ocurrido hace más de tres años. Su voz se tornó temblorosa e hizo una pausa.

Relató que fue conducida a las oficinas de la FELCC y se le aproximó una señora de cabello corto con lentes. Después supo que era la fiscal. El estado de shock de Lidia era evidente. La fiscal le abrazó y lloró con ella, inspirándole confianza.

Nadie le dijo a Lidia que podía acogerse al silencio y ella confesó que mató a su marido. Le indicaron que atrás estaba "el doctor" y ella pensó que era un médico que la ayudaría. En realidad, era el abogado defensor que le asignaron, pero él ni le dirigió la palabra.

EL BEBÉ

Luego llegó una mujer para llevarse a su bebé. Lidia rechazó la oferta de internarlo en un albergue. "No, no pueden llevarse a mi bebé. Nadie más que yo conoce lo que él necesita. Yo no quiero separarme de él", dijo. La mujer respondió que sabía atender bebés, que tenía decenas de "hijos".

En la FELCCuc0u8200 le ordenaron que no le dé de lactar, mentras el bebé dormía tranquilo en los brazos de Lidia. Luego llegó la suegra y convencieron a Lidia que quien mejor cuidaría del bebé sería su hermanito mayor, que solo sería esa noche, porque la celda de la FELCC era inhóspita e insalubre.

Lidia lloró porque quería quedarse con su bebé, pero la calmaron, al tiempo que prácticamente le arrancaron a la criatura. No tuvo más remedio que quedarse en la oscura celda contigua al baño que apestaba a pis y caca. "Yo estaba arrinconada en la celda, de cuclillas, temblando y un policía me prestó una frazada", recordó. Por la mañana le sacaron de la celda para tomarle fotos y huellas. El funcionario encargado pareció conmoverse con la tragedia de Lidia y pidió a sus colegas "un poco de humanidad".

-"¿fY mi bebé?", no cesaba de preguntar Lidia.

- "Después", era la respuesta.

AUDIENCIA

Lidia fue conducida al Tribunal de Justicia y ella quería decirle al juez cautelar lo que pasaba, que le quitaron a su bebé, pero le hicieron callar.

La fiscal que lloró con Lidia le envió a la cárcel con detención preventiva. Antes de ir al penal, ordenaron la reconstrucción de los hechos. "No. Yo no quiero volver allí", clamó Lidia. "No te preocupes, verás desde la puerta", le adelantó la fiscal. La joven madre fue vestida con delantal, gorro y barbijo blancos y, efectivamente, solo desde la puerta volvió a relatar lo que pasó.

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Justicia


"Siento que en mi caso se hizo justicia. Yo me defendí ante el tribunal y los jueces me escucharon. Conté todo, hasta lo que antes callé por vergüenza".

Lidia, Interna de San Sebastián

AL PENAL

Después la condujeron a la Cárcel de San Sebastián, con lo que estaba. "Ni un calzón para cambiarme. Aquí me regalaron ropa y comida", relató años después. Cuando Lidia contó a las internas que le arrancaron a su bebé, ellas le regañaron. "¿fCómo dejaste que te lo quitaran? si aquí vienen con bebés recién nacidos".

Los dos primeros meses, Lidia los pasó deprimida, sentada en las gradas del penal. Apenas probaba bocado si otras internas le obsequiaban algo. Después, ella pidió atención psicológica para sobreponerse. También le ayudó mucho tener una amiga interna con la que congeniaron de inmediato, pues podían hablar en inglés.

Ahora, en la cárcel, Lidia se mueve con agilidad sorteando mesas y sillas en el estrecho patio y recibe un raspadillo de obsequio de otra de las reclusas. Cuenta que le falta tiempo porque tiene que planchar. Además, le quedan pocos meses para iniciar una nueva vida. Delgada, alta, de tez blanca. Lidia lleva el cabello castaño claro recogido en media cola. Tiene las manos delgadas y las uñas cortadas al ras.

Aseguró que su fuerza está en sus dos hijos. Extraña a su bebé, pues solo recibe con regularidad la visita del mayor. Lograr verlos fue otra batalla, pero triunfó. Tuvo que superar las visitas supervisadas por dos funcionarias de la Defensoría de la Niñez que miraban y anotaban todo, hasta que ella se ganó la confianza y pudo retomar la relación con su hijito mayor, que ya cumplió tres años.

Lidia aprendió a sobrellevar la difícil vida en la cárcel e ignorar a algunas reclusas que cuando pasan por su lado sueltan "asesina". Otras la identificaron con sorna: "la niña bonita", "la modelo" y le auguraron una condena de 30 años.

Pero, cuando Lidia llegó al penal, una reclusa le saludó diciendo: "Me saco el sombrero por ti. Lo has hecho bien".

Lidia está consciente de que ella pudo estar en las estadísticas de "otro feminicidio más". O, igual en la cárcel, como cómplice de infanticidio, si no impedía que Marco dañe a su bebé.

Se probó el síndrome de mujer maltratada

La familia de Marco y la Fiscalía pedían 30 años de cárcel. En el juicio se demostró que Lidia fue víctima de violencia sistemática.

Lidia obtuvo una sentencia de privación de libertad de cinco años. Su juicio marcó un hito en la justicia de Cochabamba. Por primera vez, un tribunal consideró el síndrome de la mujer maltratada como el factor que derivó en un homicidio por emoción violenta. El abogado defensor, Freddy Parra, explicó que fue un caso complicado. Se abocó a la defensa de fondo, para demostrar que el delito que cometió Lidia no fue asesinato, como estaba en la querella, con la posibilidad de que tenga una condena por 30 años, sin derecho a indulto. Hasta el último momento, la familia de Marco y el Ministerio Público insistieron en esa sentencia.

En el juicio oral, que duró diez días, se demostró que no hubo dolo ni premeditación. La reacción de Lidia fue un intento de deshacerse de la agresión sistemática que vivió durante cinco años.

Se demostró que cometió el delito por emoción violenta, bajo el síndrome de mujer maltratada. Ella sufrió de manera sistemática violencia verbal, física, psicológica y sexual del esposo y eso hizo que, en el momento en que sucedió el hecho, Lidia no pudo controlar sus actos. "Su razonamiento estaba anulado para medir las consecuencias". Lidia se alegró al conocer su sentencia. "Siento que se hizo justicia. El Tribunal me escuchó por horas y yo ya estaba preparada para decir lo que me había pasado. Antes callaba las agresiones sexuales que sufría", contó.

Parra investigó casos similares basados en el síndrome de la mujer maltratada. Por ejemplo, en Argentina, una mujer fue absuelta por la muerte de su esposo, tras probarse que había sido maltratada de manera sistemática a lo largo de varios años.

PRUEBAS

En el juicio, el abogado presentó pruebas testificales, documentales y periciales. Demostró que la acción de Lidia no fue premeditada, pues le quitó la vida con el primer golpe de martillo. No hubo ensañamiento cuando agonizaba, sino que las puñaladas fueron al cadáver y no penetraron hasta dañar órganos vitales.

Las declaraciones reiteradas de Lidia ante la policía, ante la prensa, en la reconstrucción, ante los peritos y ante el tribunal de sentencia fueron tomadas como un relato coherente, verídico. La perito demostró que todo lo que dijo Lidia era real, con lo que se demostró que el delito no fue asesinato.

Se demostró documentalmente que Lidia fue agredida sistemáticamente. Los médicos que curaron la fractura en la frente cuando estaba embarazada de su segundo bebé fueron testigos de descargo. También los que la atendieron en La Paz.

Otra prueba documental importante fue que, debido a las constantes agresiones, Lidia fue internada en el Hospital Psiquiátrico San Juan de Dios.

Un día, Marco quiso servirse arroz y tomó un plato mal enjuagado. Sintió el sabor del detergente en la comida y acusó a Lidia de querer envenenarlo. Armó un escándalo y llamó a su madre, quien decidió que la pareja debía internarse en el psiquiátrico, pero, cuando llegaron al Hospital la única que se quedó fue Lidia. Después de tres semanas de internación, Lidia recurrió a unas amigas en La Paz e intervino una institución de defensa de derechos humanos para que le ayuden a salir.

Los testigos revelaron que Lidia sufrió maltrato desde su niñez, pues sus padres se separaron y su padre obtuvo la custodia.uc0u8200 A Lidia no le faltó casi nada hasta que murió su padre. La madrastra tomó un departamento en anticrético para Lidia diciéndole que esos 10.000 dólares eran toda la herencia que le dejó su padre y la joven empezó a vivir sola.

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3 años de condena


El abogado Freddy Parra atendió otro caso de homicidio por emoción violenta. La mujer fue condenada a 3 años y 4 meses de cárcel por la muerte de su pareja. Discutían y él confesó que violaba a su hijastra de 17 años, antes de ser golpeado con una picota de jardinería.
SENTENCIA

De acuerdo al artículo 254 de homicidio por emoción violenta, la sentencia es de dos a ocho años. El Tribunal 5 de Partido de Sentencia dio a Lidia cinco años de condena, con un voto disidente. Esa jueza falló por una pena de solo dos años de cárcel. Tomó en cuenta que Lidia fue víctima de violencia familiar, de agresiones físicas, psicológicas y sexuales de su conviviente. Era dependiente emocional y económicamente de su pareja. Vivía con constante miedo hacia su esposo, lo que desencadenó en el homicidio.

Lidia perdió su autoestima, sufría el síndrome de mujer maltratada, conforme al testimonio de la perito psicóloga y de la prueba pericial. La jueza también tomó en cuenta la edad de la acusada, 31 años, con dos hijos pequeños que requieren del afecto y la protección materna, entre otros argumentos.

VULNERACIÓN

Parra asumió la defensa de Lidia dos meses después del hecho. Cuestionó de la detención preventiva de Lidia, porque la ley indica la improcedencia de esa medida para madres lactantes. "Ese acto del Ministerio Público y de la Policía atentó al derecho de vida del bebé, porque él dependía de leche materna y el cambio de leche podía poner en riesgo su vida. Afortunadamente, el bebé sobrevivió".

Otra falla del sistema fue la revictimización en la reconstrucción del crimen. Lidia estaba en shock y el mismo día que la aprehendieron la llevaron a la reconstrucción de los hechos. Ella debía haber sido preparada por un profesional psicólogo para afrontar esa actuación. Posteriormente, se tuvo que pelear para el derecho de visita de los niños. Al principio la abuela dio pelea dura para que los niños no vean a su madre. En este caso, lo que prevaleció fue el derecho fundamental de los niños de ver a su madre, un derecho reconocido por la Constitución Política del Estado.

La abuela materna alegó que era "una criminal, que mató al padre de los niños y que no tenía derecho de verlos". Se logró que el Juez del Menor ordene la visita de los niños a su madre, concluyó Parra.

El sistema legal es más rígido con las mujeres

La directora de la Oficina Jurídica para la Mujer, Julieta Montaño, afirma que llegar a la cárcel es "fatal", porque no se respetan las normas.

La debida diligencia es más aplicable con los hombres que con las mujeres. "El sistema legal se pone más rígido con las mujeres", asegura la directora de la Oficina Jurídica para la Mujer, Julieta Montaño.

En Bolivia, no se cumplen las reglas que están en la Ley de Ejecución Penal, tampoco las normas del Convenio de Bangkok (suscrito por Bolivia), cuando se trata de delitos cometidos por mujeres.

Arrestan a una mujer y, sin considerar si está embarazada o tiene hijos pequeños que dependen de ella, "le dan detención preventiva de cajón. Cuando, con las reglas de Bangkok, le tienen que dar a esa mujer detención preventiva solo en último caso". La mayoría de las mujeres que están en la cárcel son madres solteras, divorciadas o viudas. Si estaban casadas, el matrimonio no duró más de un mes. Poco después de la detención, "la pareja se borra. No tiene la constancia de las mujeres con sus parejas que están privadas de libertad", observa Montaño.

De acuerdo a las reglas de Bangkok, las autoridades, ante un delito en flagrancia o muy grave, tienen que dar a la mujer un espacio para que ella organice qué hace con sus hijos, dónde y con quién los deja. Las actuales autoridades, el mejor de los casos, lo que hacen es internarlos en instituciones, sin importar los traumas que esos niños van a tener.

DIFICULTAD

A las mujeres se les exige las mismas condiciones que los hombres para la cesación de la detención preventiva. En un país con absoluta informalidad, las mujeres no pueden acreditar que trabajan, pues carecen de los papeles del puesto de venta donde están, ya sea porque deambulan o porque son dependientes de otros comerciantes que les dan mercadería en consignación.

En cuanto a la certificación de la vivienda, lo primero que hacen los dueños de casa cuando saben que una mujer ingresó a la cárcel, es poner todo en la calle. Muchas no tienen documentos de sus hijos, porque es el hombre quien guarda los papeles y ella desconoce hasta dónde puede ir a tramitar .Las condiciones para las mujeres que cometen algún delito son"fatales", dice Montaño.

ESTIGMATIZACIÓN

La condena social contra las mujeres es más rígida que con los hombres. Aún cuando a una mujer la matan, dicen "por algo será".

Las acusadas tropiezan con los prejuicios de algunos peritos en psicología que consideran que las mujeres padecen de mitomanía o tendencia a inventar fábulas y transformar la realidad al narrar un hecho. Las mujeres y las víctimas son condenadas en los primeros pasos del proceso de investigación, porque la palabra de esa profesional es definitiva para los fiscales.

En los casos de violación, la sociedad se hace de la vista gorda a la diferencia de poder que hay entre hombres y mujeres. Cuando hay una víctima de abuso sexual, lo primero que corresponde es una contención psicológica. En la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC), se trata a una víctima de violación "como a una persona que perdió su cartera o le robaron el vehículo" y no se cumple el protocolo.

"No hay un tratamiento de calidez de parte del personal de la Policía, de la Fiscalía y otros. El trato es frío, impersonal, poco solidario", agrega.

PROTOCOLO

Lo que se tiene que hacer en casos de violación es primero un trabajo de contención. Medir hasta qué punto esa persona está en condiciones de relatar lo que le ha sucedido. "El funcionario tiene que tener la suficiente lucidez, tener la sensibilidad para saber si esa persona, en ese momento, está en condiciones o no de dar una declaración". Se debe explicar con toda calma y cuidado los pasos que va a seguir y porqué es importante la denuncia. Es importante hacerle saber a la víctima que no está sola y sobre todo recalcarle que no es culpable de lo que ha sucedido.

Antes de que cuente detalles ni nada, se le tiene que orientar para ir al médico forense y evitar cualquier infección. Eso es lo primero que debe hacerse para sacar la autorización de fiscalía para el examen forense.

El médico forense debe dar a la víctima la píldora para evitar embarazos no deseados y también un tratamiento preventivo contra infecciones y el virus de inmuno deficiencia adquirida (VIH).

El Centro Una Brisa de Esperanza (CUBE)uc0u8200 recientemente publicó un protocolo a seguir, en casos de abuso sexual a niños, niñas y adolescentes, con el fin de evitar la revictimización.

CELERIDAD

Montaño pide celeridad en la aplicación de la Ley 348. Por ejemplo, una mujer denunció amenazas con arma de fuego de parte de su esposo en agosto de 2015 y dos años después no había acusación. Se tipificó como un caso de violencia psicológica, no obstante que la víctima, denunció que su esposo, un militar retirado, le amenazaba constantemente con su arma. La psicóloga recabó el testimonio de la víctima, en los mismos términos que relató a la Policía y a la Fiscalía, pero la perito halló "rasgos de mitomanía" y por eso el caso fue tipificado solo como violencia psicológica, en lugar de amenaza.

Montaño destaca que, en el Ministerio Público, hay fiscales que han mejorado de forma significativa el tratamiento a las víctimas.

La Ley 348 tiene una serie de principios, pero "el esquema cerebral de los juzgadores es absolutamente tradicional", según Montaño.

La Ley 1970 o Código de Procedimiento Penal, que en su tiempo fue una promesa avanzada, pero no ha podido funcionar por "prejuicios y esquemas tradicionales que tienen los jueces".

Añade que "esa mentalidad conservadora , tradicional, poco innovadora y poco comprometida con los derechos humanos hace que cualquier ley, por buena que sea, resulte atrapada en esos esquemas".

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Autolesiones


Ante el dolor que deben soportar las mujeres, por el maltrato de sus parejas, y al no encontrar salidas, lo que hacen es dañarse a sí mismas, intentar suicidarse, antes que agredir a su maltratador. Sí reaccionan en defensa de sus hijos.

JULIETA MONTAÑO

JUICIO ABREVIADO

En los juicios abreviados también se cometen injusticias con la víctima y con el acusado. No todos los acusados van al juicio abreviado con la convicción de que tienen una deuda con su víctima y con la sociedad. No reconocen que cumplir una sentencia los liberará de esa carga del ilícito cometido. "Eso es excepcional", apunta la abogada. En la mayoría de los casos, el juicio abreviado es una concesión que hace el sujeto, para liberarse de la cárcel, pero también para liberarse de los abogados. "La tragedia para quien está en la cárcel, como para quien está siguiendo el proceso son los abogados", explica Montaño.

Algunos profesionales son incapaces de ser transparentes con los clientes y decir al acusado: usted ha cometido este delito y yo, como profesional, puedo demostrar, por ejemplo, que lo hizo por primera vez, que está muy arrepentido y puede reencauzar su vida y resarcir los daños cometidos.

El consejo que dan los abogados es "niégate y te acoges al derecho al silencio". Hacen eso porque, mientras más dura el proceso, hay más posibilidades de que esa persona sea dependiente del profesional y cada vez que el abogado abra la boca, el acusado pague. Otro problema que afecta a las mujeres es que se han formado grandes grupos de poder dentro de la justicia, formados por bufetes de abogados e intermediarios. Apenas ocurre un hecho mediático, están allí para ofrecer sus servicios, cuando la persona, en su desesperación, no sabe que hacer.

Las buenas prácticas son posibles

En lugar de enviar a embarazadas y madres a cárceles, algunos jueces hallan formas de garantizar derechos.

Algunos jueces y fiscales, con sensibilidad, muestran buenas prácticas en la aplicación de la ley garantista de los derechos de las víctimas y de los acusados. Algunos de esos ejemplos están en Cochabamba, afirma la directora de la Fundación Construir, Susana Saavedra.

Tres estudios anteriores sobre las audiencias cautelares fueron críticos sobre la prevalencia de formalismos que impedían el acceso de gente pobre a medidas sustitutivas a la detención preventiva. Por falta de un título de propiedad y de certificado de trabajo no podían acceder a medidas cautelares. Sin embargo, algunos jueces han invertido la figura y no consideran solo los formalismos.

En casos de flagrancia, por ejemplo, en la audiencia cautelar se le da un plazo de unos 20 días, para que la acusada consiga documentos y desvirtúe los riesgos por los que se podría dictar la detención preventiva. Luego se cumple otra audiencia.

Saavedra destaca que "es cuestión de voluntad, de querer hacer las cosas distintas, de forma imparcial y que garantice los derechos de las víctimas y de los imputados".

Otro ejemplo de buenas prácticas se dio enuc0u8200 La Paz, en el caso de un grupo familiar acusado de robo. El fiscal consideró que, debido a que toda la familia estaba en la cárcel, debía solicitar detención domiciliaria para la embarazada y el juez aceptó.

Otro avance es que los jueces penales ya no ven casos de menores en conflicto con la ley, sino que los remiten al juez del menor.

La Fundación Construir hace seguimiento a la situación de las personas privadas de libertad, acceso a la justicia y derechos humanos, desde hace seis años.

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La reforma penal tiene que adecuarse a los tratados internacionales que regulan a la justicia de las mujeres privadas de libertad y de sus hijos.

Susana Saavedra, Directora de La Fundación Construir

REFORMAS

Saavedra destaca normas importantes incorporadas al anteproyecto de nuevo Código de Procedimiento Penal, en debate en la Cámara de Diputados de la Asamblea Legislativa. Uno de los artículos establece que se puede dar una "sentencia diferida", en el caso de las mujeres que tienen hijos pequeños. Se les da la posibilidad de que puedan seguir cuidando a las personas que están a su cargo y después cumplir la sentencia

Lo mismo se aplicaría a las mujeres que estén en detención preventiva, para evitar que sus hijos queden en la total desprotección.

PROPUESTA

La reforma penitenciaria está en la agenda del debate público. La directora de la Fundación Construir asegura que "hay mucha apertura en el sistema penitenciario". Se trabaja coordinadamente en estudios y en diversas acciones para empoderar a las mujeres en sus derechos y desarrollar proyectos de emprendedurismo.

Se trabaja sobre directrices que incluyen las conclusiones de la Cumbre de Justicia, que plantea un sistema penal inclusivo y acorde a las necesidades de la población.

La Fundación Construir sugiere, en el estudio "Una justicia con enfoque de género. Mapa Sociojurídico Mujeres privadas de libertad" plantea los siguientes ejes para un plan de acción:

1. Empoderamiento en derechos y trabajo con actores del sistema.

2. Litigio estratégico y acciones de sensibilización.

3. Discusión pública e incidencia en las reformas. Por su parte, la abogada Marisol Quiroga sugiere que la Asamblea Legislativa apruebe un ley que reconozca la legítima defensa de las mujeres que sufren violencia. Basa su propuesta en la legislación de otros países en los que, una vez evaluado el caso, la mujer no va a la cárcel ni tiene que esperar el juicio para que se pruebe que actuó en defensa legítima.

"De esa manera, se podría decir que Bolivia es un estado de derecho, que reconoce que hay casos concretos en los que las mujeres, por defenderse, han terminado lamentablemente con la vida de sus agresores y el sistema no las ha visibilizado en esas realidades", opina Quiroga.

La justicia reconoce que las mujeres no cometen asesinatos

Carmen, de unos 21 años de edad, tenía una pareja 19 años mayor que ella. Era un hombre muy agresivo. Carmen recién había tenido a su bebé, que estaba de unos 9 meses. Era Todos Santos y la pareja fue a pasar la fiesta con la familia del hombre. Consumieron bebidas alcohólicas y, en la discusión, él le lanza una piedra. Ella logra hacerse a un lado, toma la misma piedray le devuelve. Él cae muerto porque el golpe le dio en la cabeza.

En principio, el hecho fue calificado como asesinato, perose reflejó en el juicio que ella no tenía ningún antecedente y relató cómo ocurrieron los hechos.Se demostró que ella venía de un sistema de violencia de género y el fiscal recalificó el hecho como "homicidio por emoción violenta". Carmen cumple su condena en una cárcel del departamento de La Paz.

La abogada Marisol Quiroga, que atendió al menos seis casos de mujeres que actuaron en legítima defensa, afirma que muchas son víctimas de violencia de sus parejas. "Ellas vieron en riesgo sus vidas y la de sus hijos y, para precautelarlas, actuaron con tan mala suerte que terminaron con la vida de sus agresores. "Cuando se pasa la franjatan delgada de ser víctima a ser infractora, el sistema invisibiliza a las mujeres completamente, en sentido deque ellas son víctimas de violencia. Nadie toma en consideración de su situación y directamente van al hecho de la muerte del esposo o de la pareja", dice Quiroga.

En esos casos, las mujeres son acusadas inicialmente del delito de asesinatoy, sin embargo, se ha logrado cambiar el tipo penal, para que sea calificado como homicidio por emoción violenta.

Por ejemplo, hay el caso deuna adolescente de 18 años, que volvía con su pareja de una fiesta de la zona. Él siempre la golpeaba de borracho, pero, esa vez, ella tomó un cuchillo de la cocina y se defendió, causándole una herida en la pierna. Ella se asustó y le dijo "te llevaré a la clínica. No. Déjame", respondió él y quisoseguir golpeándola, pero se fue a la cama. Lo único que ella hizo fue amarrarle la pierna y, como la adolescente también estaba con bebidas alcohólicas, se durmió al lado. Horas más tarde, al despertar, vio que su pareja se había desangrado y perdido la vida. Ella llamó a la Policía y la acusaron inicialmente por asesinato. Después de las investigaciones yel aporte de todas las pruebas sobre el hecho, el fiscal recalificó el delito como "lesiones seguidas de muerte". El juez le diouna sentencia mínimaque le permitió a la adolescente recobrar su libertad.

Hay otro caso, de una señora cuya pareja siempre la agredía y luego empezó a golpear a su hijo. Ella, para salvar a su pequeño, devolvió la agresión al hombre, con tan mala suerte que terminó con la vida de su pareja.

El delito fue calificado como homicidio por emoción violenta. Quiroga considera que esas mujeres podrían "haber salido libres, sin ningún antecedente; sin embargo, el sistema está lejos de valorar estos aspectos".

"Las mujeres piden ayuda porque en el próximo golpe pueden morir"

"Las señoras están gritando, están pidiendo a gritos que las ayuden", asegura Ángela, la líder del colectivo "Mujeres de Fuego".

Tras un año de activismo a favor de los derechos de las mujeres, Ángela afirma que las autoridades no se están dando cuenta que "en el próximo golpe que ellas reciban pueden morir".

Tras un año de activismo a favor de los derechos de las mujeres, Ángela afirma que las autoridades no se están dando cuenta que "en el próximo golpe que ellas reciban pueden morir".

La principal demanda de Mujeres de Fuego es que "se obre con transparencia. Que el sistema judicial entienda que las señoras piden ayuda de jueces y fiscales".

Uno de los principales problemas es que no se está dando cabida a las denuncias de violencia psicológica, que es donde comienza la cadena de la violencia.

Según Ángela, el sistema judicial funciona con dinero y excluye a los pobres. Por ello, "Mujeres de Fuego estará en las calles para gritar justicia hasta alcanzarla, aunque no nos quieran jueces y fiscales, hasta que se den cuenta que la Ley 348 es prioritaria".

Una señora golpeó a su pareja y él presentó un certificado forense, con lo que se le sigue un proceso. Ángela pregunta: "¿fDónde queda el criterio de fiscales? Si a mí me están matando, qué debo hacer? ¿fDejar que me maten? ¿fNo me puedo defender ? Y encima ¿ftienen que seguirme proceso?".

En el caso de A.L.A., Mujeres de Fuego tuvo que recurrir hasta la Unidad de Límites de la Gobernación para que den el punto exacto de la casa, con cordenadas y fotos, para probar que tiene domicilio y lograr medidas sustitutivas a la detención preventiva. "Los jueces no creen a las víctimas, pero sí creen a los agresores", dice Ángela

A.L.A. denunció violencia sistemática de su esposo C.A.Q.R. en octubre de 2016. El agresor fue imputado y en junio salió con medidas sustitutivas. En abril, C.A.Q.R. se vio involucrado en una riña en un local de consumo de bebidas alcohólicas y le fracturaron el brazo. Él atribuyó esa lesión a su esposa y, con extrema celeridad, A.L.A. fue enviada a la cárcel, dejando en el desamparo a sus dos niñas. La cesación a la detención preventiva fue rechazada por "inconsistencia en el domicilio". La nomenclatura que maneja impuestos, ELFEC y la organización territorial de base (OTB) no coincide en la dirección, aunque si en el lugar. Los jueces no tomaron en cuenta ese domicilio, porque "no creen a las mujeres", observa Ángela. En cambio, el policía Humberto M. P., que golpeó a su esposa dejándola con 35 días de impedimento, presentó un domicilio con calles innominadas y obtuvo medidas sustitutivas. Mujeres de Fuego pregunta "¿fpor qué en algunos casos se activa la justicia y por qué no para las mujeres.?"

VIOLENCIA

La Fuerza Especial de Lucha contra la Violencia (FELCV)uc0u8200 de Cochabamba atendió 4.286 denuncias de violencia hacia las mujeres entre enero y el 15 de septiembre de 2017. Equivale a un promedio de 16 denuncias diarias. En ese periodo hubo 13 feminicidios, ocho infanticidios, cuatro lesiones graves y gravísimas (con armas blancas), 28 homicidios suicidios, 78 violaciones y dos tentativas de infanticidio.

El comandante de la FELCV, Iván Luque, informa que las denuncias en 21 puntos de atención del departamento de Cochabamba se incrementan cada año en un promedio de 200. En 2014 hubo 5.245 casos; en 2015 fueron más de 5.400 y en 2016 más de 5.600 denuncias.

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