Los calabozos del norte de La Paz también son cocinas y dormitorios

Dos presos arrestados en Tipuani huyeron por un hueco de su celda. En Guanay y Mapiri otros dos prisioneros escaparon de sus precarios calabozos. En Teoponte la celda es una habitación. Estas cuatro cárceles paceñas no cuentan con garantías mínimas de seguridad.

La Razón, gracias al Fondo de Apoyo al Periodismo de Investigación, verificó hace dos semanas las condiciones precarias e inseguras de las prisiones de Guanay, Mapiri, Tipuani y Teoponte, a donde los policías llevan a delincuentes que infringen la ley. Aunque los uniformados afirman que los reclusorios son seguros, los antecedentes en cada caso son contradictorios.

TIPUANI

La mañana del miércoles 9 de agosto, los rayos solares ingresaban por el hueco del techo de una de las dos celdas de Tipuani.

“Han hecho el agujero y escaparon por ahí”, se lamenta el suboficial Gregorio Patty al mostrar el boquete por el que dos prisioneros huyeron el año pasado.

Patty fue destinado el 1 de julio a Tipuani. “En el periodo que nosotros estamos no escapó nadie”, se defiende. Agrega que en poco más de un mes hubo ocho arrestados por riñas y peleas. A pesar del paso del tiempo, no se tapó el boquete.

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La habitación carcelaria tiene las paredes de ladrillo y se encuentra al lado de otra celda inutilizada, ésta se convirtió en la cocina de los 10 policías de esa unidad. Ellos cuidan la seguridad de 7.000 personas que viven en Tipuani.

En el calabozo que tiene el hueco en el techo están detenidos los varones. Cuando una dama es aprehendida, y la celda principal está ocupada, la Policía rehabilita la celda convertida en cocina.

GUANAY

En Guanay, a 232 kilómetros de ciudad de La Paz, existen dos calabozos, pero uno de ellos fue convertido en habitación por falta de ambientes para los 12 policías que cuidan la región, revela el suboficial Feliciano Apaza.

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En los predios de esa unidad policial, que está en plena plaza principal, se comparten las oficinas con los efectivos de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN). En 2004 hubo mejoras en las instalaciones y, desde entonces, los agentes antinarcóticos se quedaron en el inmueble.

Cuando la única celda está ocupada por algún varón, las detenidas deben ser resguardadas en la celda convertida en dormitorio, permanecen enmanilladas a una cama y con la compañía de una mujer policía.

Apaza -que está destinado en el lugar hace un año- asegura que nadie escapó de las celdas de Guanay. “Aquí los tenemos ocho horas nomás; si es un caso penal, los trasladamos a Caranavi, donde existe un fiscal de materia”.

Marco Montoya, director de radio Larecaja, recuerda que en 2014 un peligroso maleante llamado John R., apodado El kichute, escapó de ese encierro al forzar uno de los barrotes.

Una persona que llegó al menos dos veces a esta prisión es Olver B., alias El avión. En julio fue detenido en flagrancia y se lo envió a la ciudad de La Paz, pero un juez lo liberó. Existe el temor de que retorne a Guanay para continuar delinquiendo.

Lander Samuel Santander, concejal y responsable de seguridad ciudadana, afirma que ya es necesario que Guanay cuente con una carceleta pública.

En tanto que Uber Carrasco, presidente del Concejo Municipal, explica que se podría mejorar la infraestructura de la unidad policial de Guanay.

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MAPIRI

El 14 de febrero la Policía detuvo en la comunidad Santa Rosa de Mapiri a uno de los presuntos violadores de una monja, fue el caso más bullado de los últimos tiempos en la región. El hombre estuvo bajo resguardo policial y luego fue remitido a La Paz.

El reclusorio de Mapiri tenía dos celdas; sin embargo, una se convirtió en un depósito.

Ubicado en plena plaza principal, el inmueble es uno de los más antiguos. “Aquí solo arrestamos por ocho horas y después los despachamos”, avisa el sargento Romelio Pacosillo, uno de los 10 uniformados que velan por la seguridad de aproximadamente 7.000 habitantes de esa capital.

Pacosillo desconoce si algún interno se fugó de las dos celdas de esa unidad; sin embargo, el alcalde Roberto Fernández recuerda que "hace tiempo (no dijo cuándo) se escapó un arrestado, destruyó la puerta y se fue". Con él, suman cuatro los delincuentes que huyeron en esa región tropical de La Paz: dos en Tipuani, uno en Guanay y otro en Mapiri.

TEOPONTE

Una antigua carnicería fue readecuada para edificar en ella una estación policial en Teoponte. La habitación donde antes estaba una vitrina fue convertida en celda, aunque no tiene barrotes y solo es un cuarto cuya llave la posee el sargento Carlos Choque.

El calabozo es en realidad una habitación de aproximadamente tres metros de ancho por tres metros y medio de largo que Choque asegura con chapa y candado cuando hay algún detenido.

Hasta antes de 2015, cuando la Alcaldía empezó la construcción de la unidad policial en Teoponte, los policías debían resguardar a los delincuentes en la misma habitación donde ellos dormían.

En el centro urbano de Teoponte, Choque es el único policía que debe velar por la seguridad de aproximadamente 2.500 pobladores que viven en esta capital.Otros dos camaradas están en las zonas más alejadas, especialmente en Mayaya.

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Choque se define a sí mismo como un conciliador. “Es el mejor mecanismo para calmar a las personas, porque si les echo gas (lacrimógeno) sería peor y yo también debo velar por mi seguridad”.

El coronel Moreno admite que la falta de policías es un problema que se arrastra hace años en el país. Agrega que es difícil atender la demanda de los municipios del departamento de La Paz.

QUEJAS

Los munícipes de esta zona paceña tienen un rosario de quejas. El alcalde de Teoponte, Eddy Mejía, espera que a su municipio se le asignen al menos otros dos uniformados más. En Tipuani, los 10 policías aún esperan que la Alcaldía pueda tapar el hueco que dos delincuentes hicieron en 2016 para escapar por el techo. En Guanay dicen que los recursos económicos asignados a la seguridad ciudadana son mínimos.

¿Cómo podría un policía cuidar una celda, si la misma tiene un forado?


Agustín Moreno

“El presupuesto es escaso, pero intentamos apoyar a la Policía con material de escritorio”, avisa el presidente del Concejo Municipal, Uber Carrasco. Según la Ley 264, los gobiernos municipales deben disponer el 10% del Impuesto Directo a los Hidrocarburos en este rubro.

En Mapiri, el alcalde Roberto Fernández, afirma que con escasos recursos se logró mejorar las condiciones de los dos calabozos.

En ninguno de los cuatro municipios hay carencia de servicios básicos. Las alcaldías pagan los servicios de agua potable y energía eléctrica... el problema es garantizar la seguridad de las cárceles.

Trata y drogas amenazan a la región

Tres alcaldes solicitan que Migración verifique residencia de extranjeros

La trata laboral es un problema en Mapiri; en Tipuani hay denuncias de explotación sexual; en Teoponte existen dificultades con la proliferación de drogas, y en Guanay preocupa la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad.

En estos sitios la presencia policial es mínima; por lo tanto, la proliferación de la delincuencia es un peligro permanente. El sargento Romelio Pacosillo explica que tres adolescentes sufrían trata laboral en una cooperativa minera de Mapiri. Éstos fueron rescatados y devueltos a sus hogares en Apolo y Cobija.

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La Fiscalía de Tipuani denunció a Josefina V. por dirigir una red de trata y tráfico de personas, ella ahora tiene detención domiciliaria y cerró dos de sus locales. La concejala Karina Chigua indica que la acusada aún dirige un tercer recinto en el que sigue delinquiendo.

El alcalde de Teoponte, Eddy Mejía, revela que la marihuana causa estragos en su localidad. “Hace una semana (primeros días de agosto) un joven drogado se entró a una ferretería para robar y la Policía lo detuvo”.

En Guanay, el presidente del Concejo Municipal, Uber Carrasco, señala que en julio clausuraron cinco karaokes y discotecas donde vendían bebidas alcohólicas a menores de edad. En ese municipio un exgeneral de ejército, socio de una cooperativa aurífera, y una joven fueron asesinados en 2015 y 2016.

La presencia policial es mínima. Se cuenta con 39 uniformados para las cuatro poblaciones.

EXTRANJEROS

En Teoponte hay presencia de súbditos chinos, colombianos y peruanos. En Mapiri habitan rusos y chilenos; todos explotan oro a través de las cooperativas, pero no se sabe si tienen residencia legal y si Migración sabe de ellos, denuncian dos alcaldes.

“Tenemos peruanos, chinos, colombianos trabajando, pero no sabemos si su residencia es legal y ése es un riesgo alto; no sabemos qué tipo de personas son las que están trabajando, por eso debe venir Migración”, sostiene el alcalde teoponteño, Eddy Mejía.

El burgomaestre mapireño, Roberto Fernández, relaciona la presencia de extranjeros indocumentados con la venta de drogas. “Hay mucha marihuana acá, que está trayendo la gente del exterior”.

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